07 junio 2006

Diez Mejores Escenas Terrorificas (Página/12)

Página/12:
cine | criticos y directores eligen las diez mejores escenas terrorificas

Las joyas de sus majestades satánicas

A Hollywood no se le podía escapar: hoy, martes 6/6/6, es la fecha indicada para estrenar la remake de La profecía. Una buena excusa para que cinéfilos vinculados al gore y el cine de terror den cuenta de aquellos momentos en que sintieron, verdaderamente, el diablo en el cuerpo.

¿Cuál es el mejor diablo? Acaso la entrañable Carrie (1976, de Brian De Palma) revelándose mediante una posesión satánica a su condena de “niña freak”; o tal vez el bebé sin rostro al que Mia Farrow mece en entrega total a la Bestia, irracional, en esa gran fantasía paranoica llamada El bebé de Rosemary (1968), donde Roman Polanski imaginó un consorcio, un barrio, ¡una ciudad! al servicio del Mefisto; o quizás habite en una escena de El exorcista (de William Friedkin, 1973), justo en el minuto en que Linda Blair desciende las escaleras cual niña araña, en torsión imposible. Hoy martes, 6/6/6, día en que el eficaz aparato de marketing de los grandes estudios hollywoodenses decidió estrenar la remake de La profecía (ver aparte), hoy que regresa a la pantalla el famoso rostro de Damien (esta vez matizado por alusiones a la caída de las Torres Gemelas, el Tsunami, los huracanes de Centroamérica, como parte del mismo plan macabro), diez críticos y cineastas, en su mayoría vinculados con el terror y el gore criollo, eligen para Página/12 sus escenas diabólicas de colección.

No se encontrarán, en este listado, versiones menores de un Fausto para masas como El abogado del diablo (con Al Pacino y Keanu Reeves, 1997) ni se hablará de aquel traspié de Roman Polanski que ubicó a Johnny Depp como bibliófilo obsesionado con la pesquisa de textos satánicos, cual El Código Da Vinci pero al revés (en La novena puerta, 1999). Críticos y cineastas consultados prefieren la ambigüedad del tierno mofletudo que decapita (en el original de La profecía, de Richard Donner) o la irrealidad de una violación a cargo de árbol poseído en Diabólico, de Sam Raimi. Tal vez elijan el momento en que la medicina que escruta a la niña de Linda Blair, en El exorcista, se vuelve demasiado parecida a “tener el diablo en el cuerpo”. Todos ellos conforman parejas convincentes con célebres curas encarnados en Tommy Duggan o Max von Sydow, en esta extraña efemérides en que se celebra un cumpleaños sacrílego.


El hombre que decide no saber
Por Diego Curubeto
(autor de Cine bizarro)

Elijo el final de La maldición del demonio, de Jacques Tourneur, cuando el personaje de Dana Andrews, doctor John Holden, dice: “A veces es mejor no saber”. Cuando uno se pone a pensar en cosas que no hay que mencionar surge el recuerdo de esa sentencia de Torneur. Este hombre es un gran desmitificador, que durante la película va teniendo experiencias en el borde de lo que podría ser sobrenatural y lo que no. Podrían, hasta allí, ser meros accidentes. El va descubriendo cosas horribles sin aceptarlas, pero llega un momento en que si no cree se muere. Es un clásico notorio.

El cura que duda de su fe
Por Axel Kuschevatzky
(crítico)

La obra maestra del terror satánico es, sin duda, El exorcista. Es el momento en que se llega a la mitad del exorcismo y los curas salen de la habitación a descansar. Entonces el personaje de Max von Sydow se sienta en la escalera y dice algo muy fuerte: “¿Por qué Dios permite que pasen estas cosas?”. Me parece que ahí aparece un horror profundamente filosófico. En una película a favor del dogma católico, de pronto un personaje central duda. Y su incertidumbre plantea muchos horrores, entre ellos que lo que creemos que es nuestra vida esté en realidad controlado desde afuera.

La mujer violada por el árbol
Por Uriel Barros
(director de Mondo Macabro)

De Diabólico, primera película de Sam Raimi, rescato la escena en que un árbol viola a su víctima en el bosque, corre tratando de escapar de un demonio maligno hasta que las ramas la sujetan... y es tarde. Stephen King lo definió como el film más feroz del género de terror. Tiene un cierto aire amateur, pero deja vislumbrar mucho talento; hay un director naciendo con muchas ideas visuales. No es la única que encarnó al diablo en un árbol: Angel de las sombras, de William Friedkin, también encarna espíritus malignos en árboles. El mérito es la imprevisibilidad; juegan con las sombras; trabajan con la similitud entre las formas de las siluetas, incluyendo un inquietante elemento fálico.

Una llamada perturbadora
Por Mariano Cohn
(director de cine y TV)

La profecía del hombre polilla, de Mark Pellington, con Richard Gere. No se estrenó en cine, pero tiene una gran escena: un hombre acude a la llamada del teléfono de una habitación de hotel; se producen corrimientos de tiempo... Inconscientemente hace cosas sin saber por qué. Hasta que atiende y es el diablo, que sabe todo lo que le va a decir el mortal antes de que éste lo diga. En su momento me pareció novedosa: me interesa esa figura del diablo-psicópata, y produce una extraña sinergia con Richard Gere, que es de madera...

Horror de la intervención quirúrgica
Por Diego Brodersen
(crítico)

Una de mis favoritas es la escena de El exorcista en la que Linda Blair acude con la madre al médico y comienzan a hacerle terribles análisis. Es una secuencia diabólica en doble sentido: por anticipación de la posesión que va a ocurrir y por la secuencia diabólica/médica: es el horror de la intervención quirúrgica en una de las grandes películas de terror de la historia del cine, no tanto por sus efectos de maquillaje o visuales; lo que realmente sigue funcionando es su carga de horror psicológico y de suspenso.

Mujer que goza sin abrir los ojos
Por Diego Lerman
(cineasta)

Elijo una escena de El fuego camina conmigo, versión fílmica de Twin Peaks (de David Lynch). El padre de Laura Palmer tiene una relación de incesto con su hija y se le sobreimprime un rostro que remite a cierta entidad demoníaca. Ella no quiere abrir los ojos; goza con el hombre poseído sobre sí, en una escena entre bestial y erótica. Al pensar en lo diabólico se me ocurre esta criatura posesa y tremenda.

Mujer convertida en vampiro
Por Alberto Laiseca
(escritor, conductor de TV)

Yo creo muchísimo en la existencia del demonio. Pero le tengo un poco de rechazo a la idea del demonio aplicada al arte. El demonio que suele aparecer me aburre. En cambio, me entusiasma mucho cuando lo satánico está encarnado en monstruos. Ahí está Drácula, por ejemplo, un tipo que tiene siglos y le chupa la sangre a la gente. Por eso mi escena preferida es una que pertenece al film Los ritos satánicos de Drácula, de Alan Gibson. Ahí aparece una mujer que acaba de ser convertida en vampiro. Encadenada. Se le abre la blusita y muestra sus dos tetas maravillosas. Y les juro –he pasado cuadro por cuadro el film para sacarme la duda– que la estaca se le clava en la teta. Hay algo muy erótico, satánico y morboso ahí.

Carrie ejerce su venganza
Por Sergio Wolf
(crítico, documentalista)

Elijo el momento en que Carrie ejerce su gran venganza. Son escenas de terror puro y al mismo tiempo de cine puro. Es el instante en que lo abstracto logra concretarse en una expresión estética. El miedo, en todo caso, no tiene que ver ahí con los efectos especiales, sino con la dramaturgia. Hoy es muy difícil encontrar ese tipo de pasajes. Muchos personajes se han incorporado al mundo infantil y, además, los espectadores se han vuelto incrédulos. Muchas veces encuentro más terror en las películas de los hermanos Dardenne que en producciones fantásticas.

El niño juega con su triciclo
Por Gabriel Schipani
(Director del Festival Buenos Aires Rojo Sangre)

Me causa mucho miedo una escena de La profecía original. El niño está jugando en su triciclo mientras su madre limpia una lámpara subida a algún elemento. La mujer está al borde de una escalera y se ve al chico darle velocidad al triciclo en una actitud que no se sabe si es consciente o inconsciente. Finalmente, él la golpea y ella cae. Sin mostrar ningún elemento sobrenatural, se ha dado a entender que en ese niño puede haber algo maléfico. En la actualidad se usan miles de efectos especiales. Pero creo que no pueden competir con el pavor que causa la ambigüedad de ese chico. Es una situación cotidiana. Y es un nene que puede ser tu propio hijo.

¿Por qué no una Diabla cachonda?
Por Moira Soto
(periodista)

Está muy bien esto de reivindicar a las Diosas Madres y exigir que haya mujeres curas, obispas, papas, pero también va siendo hora de reivindicar a una Princesa de las Tinieblas, a una Primera Ministra de las Fuerzas del Mal, sobre todo considerando que la bíblica Eva fue La Gran Tentadora. Al menos en el cine, y luego de tanta endemoniada y exorcizada, de tanta embarazada por el Maligno, de tanta servidora del Gran Macho Cabrío. Y en el 2000 llegó ella, auspiciada por Harold Ramis, una Diabla bonita, sofisticada y mundana, con los rasgos de Elizabeth Hurley, desplegando estrategias mefistofélicas frente al atolondrado de Brandan Fraser que caía como un chorlito. Con resabios de femme fatale, sin duda, irónica y desenvuelta, con un pied-à-terre en una disco con obras del Bosco, vestida de lamé y lentejuelas con detalles de piel de víbora y tacos aguja en una comedia relativamente prestigiosa, levemente demoníaca que, pese a tener una chica en el rol de ángel caído, fue titulada localmente Al diablo con el Diablo.

Opiniones de los diarios sobre el 666.

Clarín:

6-6-6, Números temidos que figuran en la Biblia como encarnación del mal

Entre la superstición y el marketing, hoy se celebra "el Día de la Bestia"

En el Apocalipsis el número 6 simboliza el daño, el demonio y otros desastres.

Día 6, del mes 6, del año que termina en 06. Bingo para supersticiosos y para el lanzamiento de películas, libros y todo lo que se pueda vender gracias al "Día de la Bestia". (No, no llegamos a designarlo feriado nacional).

Si no se acaba el mundo, como andan pregonando los e-mail en cadena, se podrá ir al cine a ver otra remake de "La Profecía", la película que popularizó la idea del niño-anticristo.

El marketinero 666 tiene otra historia. Esa historia está en la Biblia, versículo 18, capítulo 13 del Apocalipsis.

La Introducción al Apocalipsis de la edición revisada y aumentada de la Biblia de Jerusalén (Editorial Descleé De Brouwer, 1998) propone situar ese texto en su contexto, "un período de perturbaciones y persecuciones contra la Iglesia naciente (...) Es ante todo un escrito de circunstancias, destinado a levantar la moral de los cristianos".

Desde su etimología, la raíz de la palabra apocalipsis se sumerge en el griego, revelación. "Revelación hecha por Dios a los hombres de cosas ocultas y sólo por El conocidas". El Nuevo Testamento mantiene en su canon un Apocalipsis, cuyo autor es Juan, desterrado en la prisión de Patmos por su fe en Cristo. No se trata de Juan el Apóstol, sino de alguien de su círculo.

Se estima que el Apocalipsis fue escrito en tiempos del emperador Domiciano (años 96-98), quien ordenó la ejecución de su primo Flavio Clemente por cristiano. "La Bestia", desde esta óptica, es el Imperio Romano, que se arrogaba poderes divinos. Pero en el Apocalipsis aparecen dos Bestias. La primera, con diez cuernos y siete cabezas, una de ellas herida de muerte, pero curada: acá la alusión podría ser a crisis superadas por el imperio. Debe su poder al Dragón (Satanás).

La segunda, con dos cuernos como de cordero, y hablar como de serpiente, está al servicio de la primera: "Hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleva la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre". ¿Cuál es esa cifra? "Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666".

Esto no es una profecía, es una descripción, señala monseñor Luis Heriberto Rivas, experto en la Biblia. "La interpretación comercial que se hace en estos días es un disparate. Mal se podía estar hablando de este día cuando ni siquiera se usaba nuestro calendario en ese momento".

Otro biblista, el santiagueño Ariel Alvarez Valdés, apunta: "La equivocación procede de la famosa película, donde hay un niño nacido el 6 de junio a las 6 de la mañana. En la Biblia, la cifra 666 se obtiene por un procedimiento llamado 'gematría', que consiste en sustituir las letras hebreas o griegas de un nombre por su valor numérico. Si escribimos en hebreo la expresión 'Nerón César', se obtiene el 666".

Por lo que sea, hoy no es un día más en el mundo. Los cables dicen que en Nueva York se preparaba una marcha anti-Bestia frente al edificio Thisman, que tiene en la altura un enorme 666. En Noruega y Alemania, los casamientos son furor hoy (también hay reservas para el 7/7/07, como para el 8/8/08). En el Registro Civil de la calle Uruguay no pasa nada: habrá hoy 8 casamientos, los mismos que un martes cualquiera. Pero en Noruega algunas iglesias reforzarán la seguridad por temor a ataques de una comunidad satánica vinculada al "black metal" y la extrema derecha.

Hay en todo esto un detalle que se pasa por alto, tal vez por conveniencia: hoy no es 6/6/06, sino 6/6/2006. La numeróloga María del Carmen Iglesias dice: "No se puede obviar al número 2. Y si sumo, como lo haría Pitágoras, todos los números de la fecha de hoy, la suma es igual a 20, que se reduce a 2. Y el 2 es el maestro interior, el que trasciende, un número cooperativo".

Para terminar, el reverendo Félix Just, profesor de Teología de la Universidad de San Francisco, publicó un sitio web sobre el 666 (http://catholic-resources.org/Bible/666.htm). Son antológicos: 668, número del vecino de la Bestia; 1-888-666-6666, número gratuito de la Bestia, Ruta 666, autopista de la Bestia; 66.6 MHz, FM de la Bestia; $ 665.95, precio de venta al público de la Bestia; y 6/6/6, el día de su cumpleaños.

Escrito por: Gabriel Giubellino


La Nación:

El Arcángel Negro espera agazapado delante
del edificio que debería ser Florida 666
Foto: Soledad Aznarez

¿Dónde perdió el poncho el Diablo?


Un recorrido tras los pasos porteños de la Bestia en su día

Calles que saltean la numeración 666 y personajes bendecidos por la fecha

Era un día más en el calendario. Un martes de tantos. Un maldito martes más. Laura Bottinelli cayó en la cuenta del significado de esas palabras cuando destapó una botella de gaseosa, y sin que la hubiera agitado, el líquido oscuro desbordó frenéticamente, como la lava de un volcán. Cosa de Mandinga, pensó.

Había despertado en el sexto día del sexto mes del sexto año del tercer milenio. El Día de la Bestia. Para una incrédula como ella había una sola explicación para la explosión de su bebida: creer... o reventar.

Las pequeñas desgracias cotidianas fueron los únicos indicios de que el día apocalíptico había llegado a Buenos Aires. Los que esperaban ver sucesos extraordinarios deberán encontrar el elixir de la vida para llegar hasta el año 3006 y comprobar si las predicciones eran ciertas y sólo habían errado el milenio.

Otra opción fue hacer cola en los cines que ayer estrenaron "La Profecía", la película que revive el clásico de los años 70, en el que un hombre descubre que su hijo es el Anticristo.

Una rajadura atravesaba ayer la puerta de vidrio del cine Monumental que sostiene el cartel de "La Profecía". Un papel escrito a mano con marcador rojo advertía: "No abrir esta puerta". El cristal se rajó poco después de que se colocó el afiche con un crucifijo invertido, dicen.

La llegada del 6 de junio de 2006 también alimentó el afán de los "cabuleros". Patricio Alvarez, que trabaja como guardia de seguridad de una casa de cambio sobre Florida, aguardaba ayer impaciente a que el dólar y el euro cerraran sus cotizaciones para correr a la agencia de lotería y jugarle al 666.

Pero... ¿dónde perdió el poncho el Diablo? Una ingenua búsqueda de simbolismos llevó a esta cronista a recorrer las calles tras las huellas de la Bestia. Creyó toparse con ella en la esquina de Perón y Suipacha, cuando casi fue atropellada por un conductor desaprensivo. Pero no...

El instinto invitó a hacer especulaciones: la sexta calle a partir de Rivadavia, la avenida en la que nacen las vías de Norte a Sur: la dirección resultó ser Tucumán 666, si había departamento 6°, mejor.

Pero esa numeración no existe. Tampoco existe Corrientes 666, ni ese número sobre Lavalle. Pero a esa altura de la peatonal el mago Fornes reparte volantes de un comercio. Tiene un pearcing sobre la frente que emula los cuernos de Satanás. Y sobre la mano lleva escrito el 666. En total tiene 1800 tatuajes, varios de ellos con rostros de demonios. "Para mí, esta fecha es como la Navidad", sintetiza.

Extraña coincidencia: tampoco Florida tiene una dirección con el número de la Bestia. Pero ayer, en las puertas del edificio que debería ser Florida 666, había un oscuro personaje alado agazapado. Un cartel explicaba: "El Arcángel Negro".

Cuando caen unas monedas en la lata, el Arcángel reacciona y entrega al contribuyente una de las crucecitas que guarda en una vasija oscura. Ayer la lata estaba particularmente cargada. Y el sujeto que le prestaba el cuerpo al Arcángel Negro decía que creía que era porque muchos pensaban que era el Diablo y no lo querían enojado con ellos en una día como ayer. "Se equivocan. Yo soy de la legión del Arcángel Miguel, que combate al Diablo", aclara.

"¿Para cuándo es esa nota?", preguntó ayer Gabriel Feldman, encargado de uno de los cines de Lavalle en el que se proyectaba "La Profecía". "¿Para mañana? ¿¡Y si hoy es el fin del mundo...!?".

Escrito por: Evangelina Himitian


Diario Hoy:

¿Apocalipsis?

666: llegó el día de la bestia

Para muchos cristianos y para unos cuantos supersticiosos, hoy es el día del diablo. Creencia popular o profecía bíblica, en La Plata sólo una pareja decidió contraer matrimonio. Además, Hollywood aprovechó para lanzar el film "La Profecía" y en el mundo aumentaron las apuestas acerca de si llega o no el fin de los tiempos.

Con su triple seis, el sexto día del sexto mes del año 2006 es para muchos cristianos el día del diablo, y Hollywood no deja que lo olviden, al estrenar este martes una nueva versión del legendario filme de terror "La Profecía" (The Omen).

La "remake" de la cinta homónima de 1976 llega a las salas de cine este 06/06/06 para marcar el paralelismo con el 666, el número bíblico asociado con Satán.

En el capítulo 13, versículo 18, de este último libro del Nuevo Testamento se lee: "Aquí está el saber. Quien tiene, pues, inteligencia, calcule el número de la bestia, porque su número es el que forman las letras del nombre de un hombre, y el número de la bestia es seiscientos sesenta y seis".

Integrado a la cultura popular, este nÚmero ha perdido algo de su supuesto significado maléfico. "El 666 se convirtió en algo divertido, cuando hablamos por ejemplo de un niño particularmente travieso, decimos: ´Pará a este con un 666 en la cabeza´", ironizó Robert Thompson, profesor de la Universidad de Syracuse en Nueva York.

"Es perfectamente lógico que la estrenen ese día. Estoy seguro de que las personas van a pensar que se trata de una maniobra satánica cuando no es más que una estrategia de mercadeo, y eso funciona", apuntó Thompson.

La simbólica fecha ya generó otras movidas comerciales. El sitio de apuestas por internet BetUS.com permite jugar 10 a 1 a que el martes se produzca el Apocalipsis, señalando que nadie puede ignorar que los desastres recientes incluyen guerras, maremotos, terroristas, amenazas nucleares y terremotos.

La localidad de Hell (infierno en inglés), en Michigan (norte), prevé festejar con una fiesta de disfraces con mucha música, premios y helados a 66 centavos, según la página web del pueblo.

Por supuesto, las radios estadounidenes emitirán hoy himnos a Lucifer, como el clásico de los Rolling Stones "Sympathy for the Devil", o el hit de música country "The Devil Went Down to Georgia".

Aunque mucho de todo esto sean campañas de mercadeo, con el aumento en los últimos años de los cristiaos evangélicos conservadores, la superstición y los relatos bíblicos que anticipan devastación y catástrofe, como el Apocalipsis, reciben más atención.

A esto se atribuyó el cambio de nombre de la ruta 666, conocida como ruta al infierno, en el sudeste de Estados Unidos.

La carretera que atraviesa el territorio navajo entre los estados de Arizona y Utah, que suele ser infernalmente caluroso, se llama desde 2003 ruta 491 para desestigmatizarla, aunque para los navajos el 666 no tiene ningún significado especial.

Algunos, sin embargo, dicen que el cambio responde sólo a la necesidad de parar con el robo de carteles del antiguo nombre 666, preciados por satanistas y buscadores de recuerdos.



Clarín:

06 junio 2006

La Biblia: Apocalipsis (Nuevo Testamento) (fragmento)

La Bestia y el Falso Profeta

(11) Después vi surgir del continente otra bestia que llevaba dos cuernos como los del Cordero, pero hablaba como monstruo. (12) Esta aprovecha todo el poder de la primera bestia y está totalmente a su servicio. Ella ha logrado que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. (13) Ella hace prodigios maravillosos, hasta mandar que baje el fuego del cielo a la tierra en presencia de todos.
(14) Por medio de esos prodigios que le fue concedido obrar en servicio de la bestia, ella engaña a los habitantes de la tierra, aconsejándoles que hagan una estatua de esa bestia que, herida a espada, volvió a vivir. (15) Se le concedió hasta dar vida a la estatua de la bestia, la cual puede hablar, y ha logrado que quienes no adoren esa imagen sea muertos. (16) Ha logrado, asimismo, que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente; (17) ya nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre.
Aquí verán quién es sabio. (18) Si ustedes son entendidos, interpreten la cifra de la bestia. Se trata de un hombre, y su cifra es 666.

Más info:
  • Apologetica.org - 666 - La segunda bestia
    del Apocalipsis
  • Earthharvest.org (La Cosecha de la Tierra) - Predicciones de Nostradamus, de la Astrología, y de la Biblia
  • Wikipedia (es) - Apocalipsis de San Juan - La Bestia y su numero
  • The Omen (La Profecia)

    His Day Will Come

    From the eternal sea he rises. Creating armies on either shore. Turning man against his brother. Until man exists no more.

    The prophecy is clear. The signs are unmistakable. On the 6th day of the 6th month in the year 2006 his day will come.

    05 junio 2006

    The Da Vinci Code (fragment) (6ta Parte)

    Sentado en el diván, con la caja de madera sobre las piernas, Teabing admiraba la elaborada rosa de la tapa. «Esta ha sido la noche más rara y mágica de mi vida.»

    —Ábrala —le susurró Sophie, que estaba de pie a su lado, junto a Langdon.

    Teabing sonrió. «Sin prisas.» Después de haber pasado más de diez años buscando esa clave, quería saborear todas las milésimas de segundo del momento. Pasó la palma de la mano por la tapa de madera, y notó la textura de la flor.

    —La rosa —dijo en voz muy baja—. «La rosa es Magdalena es el Santo Grial. La rosa es la brújula que indica el camino.» Teabing se sentía como un idiota. Durante años había recorrido Francia entera en busca de iglesias y catedrales, había pagado dinero para que le permitieran el acceso a lugares restringidos, había examinado centenares de arcos situados debajo de rosetones, había buscado alguna clave de bóveda que incorporara algún código. «La clef de voûte, una clave bajo el signo de la rosa.»

    Despacio, sir Leigh le quitó el cierre a la tapa y la abrió.

    Cuando sus ojos se posaron por fin en el contenido, supo al instante que sí, que aquello no podía ser sino la clave. Miraba aquel cilindro de mármol, formado por discos conectados entre sí y marcados con letras. Aquel mecanismo le resultaba curiosamente familiar.

    —Realizado a partir de los diarios de Leonardo da Vinci —dijo Sophie—. Mi abuelo los fabricaba a modo de pasatiempo.

    —Sí, claro.

    Teabing había visto los bocetos y los diseños. «La clave para encontrar el Santo Grial está en esta piedra.» Sacó el pesado criptex de la caja y lo sostuvo con cuidado. Aunque no tenía ni idea de qué debía hacer para abrirlo, intuía que su propio destino dependía del contenido del cilindro. En momentos de zozobra, Teabing había llegado a dudar de si la búsqueda a la que había dedicado su vida obtendría alguna recompensa. Ahora, esa incerteza había sido disipada de un plumazo. Le parecía oír las antiguas palabras... los cimientos de la leyenda del Grial:

    «Vous ne trouvez pas le SaintGraal, cest le SaintGraal qui vous trouve.»

    «No eres tú quien encuentra el Santo Grial, sino el Santo Grial quien te encuentra a ti.»

    Y esa noche, por más increíble que pareciera, la clave para encontrar el Santo Grial había llegado directamente hasta su propia casa.

    Mientras Sophie y Teabing hablaban del criptex, del vinagre, de los diales y la posible contraseña, Langdon depositó la caja de madera encima de una mesa bien iluminada para examinarla mejor. Sir Leigh acababa de decir algo que no dejaba de rondarle por la cabeza.

    «La clave del Grial está oculta bajo el signo de la rosa.»

    Langdon levantó la caja a la luz y estudió el símbolo taraceado. Aunque sus conocimientos de arte no abarcaban los trabajos de marquetería o de taracea, acababa de recordar el famoso techo embaldosado de un monasterio a las afueras de Madrid y que, tres siglos después de su construcción, las baldosas habían empezado a despegarse, dejando al descubierto unos textos sagrados escritos por los monjes en el yeso que había debajo.

    Langdon observó la rosa una vez más.

    «Bajo la rosa.»

    «Sub rosa.»

    «Secreto.»

    Un ruido en el pasillo, a su espalda, le hizo volverse. Sólo se veían sombras. Seguro que el mayordomo de Teabing acababa de pasar por allí. Volvió a concentrarse en la caja. Pasó un dedo por el fino borde de la rosa, preguntándose si sería posible levantarla. Pero no, el encaje era perfecto. Dudaba incluso de que el filo de una hoja de afeitar cupiera entre el perfil de la flor y el hueco perfectamente labrado en que estaba insertada.

    Abrió la caja y examinó el interior de la tapa. También era muy fina al tacto. Sin embargo, al cambiar un poco de posición, la luz incidió sobre lo que parecía ser un pequeño agujero en la parte posterior de la tapa, en su centro exacto. Bajándola, examinó de nuevo el símbolo encastrado y constató que ahí no había ningún hueco.

    «El agujero no llega al otro lado.»

    Dejó la caja sobre la mesa, echó un vistazo a la habitación y se fijó en un fajo de papeles sujetos con un clip. Cogió el clip, volvió a la mesa, levantó de nuevo la tapa y observó el agujero. Con cuidado, desdobló el alambre y lo metió en él, haciendo un poco de presión. No hizo falta más. Oyó el ruido sordo de algo que había caído sobre la mesa. Langdon cerró la tapa y miró. Se trataba de un pequeño fragmento de madera, como la pieza de un rompecabezas; la rosa se había desprendido de la tapa y había caído sobre la mesa.

    Anonadado, Langdon miró el hueco que había dejado. Ahí, grabadas con pulcra caligrafía sobre una fina lámina de madera que tapaba el fondo del hueco, había cuatro líneas escritas en una lengua que nunca había visto.

    «Las letras parecen vagamente semíticas —pensó Langdon—, pero no reconozco a qué idioma corresponden.»

    04 junio 2006

    Roberto Pettinato (Mini-biografia)

    Mini-biografia:
    Nació: 15 de diciembre de 1955 en Buenos Aires.
    Padres: Clara Anderson de Fyhn y Roberto Pettinato, creador de la Escuela Penitenciaria de la Nación, funcionario de Perón y quien tuvo que asilarse en la embajada de Ecuador después de la Revolución Libertadora. "Mi primer año y medio de vida estuve encerrado en esa embajada. Despues nos fuimos exiliados tres años a Ecuador, dos a Perú, luego a Colombia y más tarde a Chile. En 1966 nos dejaron volver a todos, menos a mi papá, que se quedó un tiempo en Nicaragua."
    Estado Civil: Casado en segundas nupcias con Gabriela Blondeau, el 4 de abril de 2002.
    Hijos: Tamara (22), Homero (17) y Felipe (13). Más los hijos de Gabriela: Danno (21) y Félix (9).
    Músico: Fue saxofonista de Sumo; luego de la muerte de Luca Prodan creó su propio grupo, Pachuco Cadáver. Tuvo otras bandas: Los carnavales de Franco, Los maxilares de Perón, y en el 99 creó Los nuevos nerviosos. Un año más tarde,editó su primer disco solista: El yo rotundo. Y en el 2003, Música anticomercial. Sigue haciendo free jazz en pequeños reductos.
    Periodista: Fue director de Expreso Imaginario, columnista de Libre, escribió en Gente la sección de humor Le Tercer Monde, creó la revista de cultura rock -y otras yerbas- La Mano y tiene su página en Sal!
    Escritor: Es autor de Cómo abandonar la Tierra, La jungla del poder, El que insulta primero, insylta dos veces y Entre la nada y la Eternidad.
    Radio: Es líder de audiencia de las FM con El Show de la Noticia, de 6 a 9, por FM100. Su slogan: "Se puede ser feliz a las 6 de la mañana.".
    Cine: Samy y yo (2001), dirigida por Eduardo Milewicz, con Ricardo Darín y Angie Cepeda.
    Tevé: Orsai a medianoche, Petti en vivo, Un aplauso para el asador, Mira quién canta, Todos al diván, Indomables, Duro de acostar, Duro de domar.
    Premios: Tres Martín Fierro y dos Clarín como Mejor Conductor.
    Lee: Libros de astrología.
    Escucha: Jimi Hendrix.
    Duerme con: Pijama a rayas.

    Fuente: Revista GENTE.

    02 junio 2006

    The Da Vinci Code (fragment) (5ta Parte)

    En el estudio, Langdon percibía el desconcierto de su anfitrión.

    —¿Gran Maestre? —repitió atragantándose casi y clavando la mirada en Sophie—. ¿Jacques Saunière?

    Sophie asintió con un gesto de cabeza, consciente de la sorpresa que le había causado.

    —¡Pero es imposible que usted sepa algo así!

    —Jacques Saunière era mi abuelo.

    Teabing se tambaleó apoyado en las muletas y miró a Langdon, que asintió.

    —Señorita Neveu, me deja usted mudo. Si es cierto lo que dice, siento mucho su pérdida. Debo admitir que, en aras de mis investigaciones, he realizado listas de los hombres que, en París, pensaba que podían ser buenos candidatos a pertenecer al Priorato. Y Jacques Saunière estaba en ellas junto a muchos otros. ¡Pero Gran Maestre! Cuesta imaginarlo. —Se quedó unos instantes en silencio y meneó la cabeza—. Aun así, sigue sin tener sentido. Aunque su abuelo fuera el Gran Maestre de la Orden y hubiera creado la clave él mismo, nunca le habría revelado a usted cómo encontrarla. La clave abre el camino al tesoro más importante de la hermandad. Nieta o no nieta, usted no puede ser la depositaría de un dato como ese.

    —El señor Saunière se estaba muriendo cuando transmitió esa información —comentó Langdon—. No le quedaban demasiadas alternativas.

    —Es que no le hacía falta ninguna. Hay tres sénéchaux que también conocen el secreto. Ahí está la gracia de su sistema. Uno de ellos pasará a ser Gran Maestre y nombrarán a otro sénéchal al que revelarán el secreto de la clave.

    —Deduzco que no ha visto el informativo completo —dijo Sophie—. Además de a mi abuelo, también han asesinado a tres prominentes parisinos. En circunstancias similares. En todos los casos hay indicios de que han sido interrogados antes de morir.

    Teabing estaba anonadado.

    —¿Y cree que eran....?

    —Los sénéchaux —intervino Langdon.

    —Pero ¿cómo es posible? ¡El asesino no puede haber descubierto la identidad de los cuatro altos cargos del Priorato de Sión! Yo llevo decenios buscándolos y ni siquiera podría nombrarles a uno. Me parece inconcebible que alguien haya descubierto y asesinado en un solo día a los tres sénéchaux y al Gran Maestre.

    —Dudo que haya obtenido la información en un solo día —comentó Sophie—. Parece más bien un plan de descabezamiento muy bien preparado. Algo parecido a las técnicas que usamos para luchar contra el crimen organizado. Si la Policía Judicial quiere ir a por un grupo concreto, lo investigan y lo espían en silencio durante meses, identifican a los peces gordos y sólo entonces actúan y los detienen a todos a la vez. Decapitación. Sin líderes, el grupo sucumbe al caos y divulga más información. Es posible que alguien se haya dedicado a investigar con mucha paciencia al Priorato y luego haya atacado, con la esperanza de que los altos mandos revelaran el paradero de la clave.

    Teabing no parecía convencido.

    —Pero los hermanos no confesarían nunca. Juran guardar el secreto. Incluso ante una muerte inminente.

    —Exacto —dijo Langdon—. Es decir, que si no divulgaran el secreto y todos murieran...

    Teabing ahogó un grito de horror.

    ¡El paradero de la clave se perdería para siempre!

    —Y con él, el del Santo Grial.

    Con el peso de aquellas palabras, el cuerpo de sir Leigh parecía a punto de perder el equilibrio. Entonces, como si se viera incapaz de resistir un momento más, se dejó caer sobre una silla y miró por la ventana.

    Sophie se le acercó y le habló con dulzura.

    —Teniendo en cuenta lo apurado de la situación en la que se encontró mi abuelo, parece posible que, en su total desesperación, intentara revelarle el secreto a alguien externo a la hermandad. Alguien en quien confiara. Alguien de su familia.

    Teabing estaba pálido.

    —Pero alguien capaz de semejante ataque... de descubrir tantas cosas sobre la Orden... —Se detuvo, presa de un nuevo temor—. Sólo puede tratarse de una organización. Este tipo de infiltración puede sólo haber venido del enemigo más antiguo del Priorato.

    Langdon alzó la vista.

    —De la Iglesia.

    —¿Y de quién si no? Roma lleva siglos buscando el Grial.

    Sophie se mostró escéptica.

    —¿Crees que la Iglesia mató a mi abuelo?

    —No sería la primera vez que la Iglesia mata para protegerse —intervino Teabing—. Los documentos que acompañan al Santo Grial son explosivos, y la Iglesia lleva muchos años queriendo destruirlos.

    A Langdon le costaba creer que la Iglesia se dedicara a matar descaradamente para obtener esos documentos. Habiendo conocido al nuevo Papa y a muchos cardenales, Langdon sabía que se trataba de hombres de profunda espiritualidad que nunca sucumbirían al asesinato. «Por más que quisieran conseguir algo.»

    Sophie parecía ser de la misma opinión.

    —¿Y no es posible que los hayan matado personas ajenas a la Iglesia? ¿Alguien que no entienda lo que el Grial es en realidad? El cáliz de Cristo puede ser un trofeo muy apetecible. Está claro que los buscadores de tesoros han matado por mucho menos.

    —Según mi experiencia —respondió Teabing—, el hombre llega mucho más lejos para evitar lo que teme que para alcanzar lo que desea. Y en este asalto al Priorato me parece detectar cierta desesperación.

    —Leigh —interrumpió Langdon—. En tu argumento hay cierta paradoja. ¿Por qué habría el clero católico de asesinar a miembros del Priorato, en un intento de hallar y destruir unos documentos que, según proclama, son falsos testimonios?

    Teabing ahogó una risita.

    —Las torres de marfil de Harvard te han ablandado, Robert. Sí, el clero de Roma está tocado por la fuerza de la fe, y precisamente por eso sus creencias pueden soportar cualquier tormenta, incluidos los documentos que contradicen lo que más sagrado es para ellos. Pero ¿qué me dices del resto del mundo? ¿Qué hay de los que no están bendecidos por las mismas certezas? ¿Qué me dices de los que ven la crueldad del mundo y se preguntan dónde está Dios? ¿Y de los que saben de los escándalos de la Iglesia y se preguntan quiénes son esos hombres que afirman tener la verdad sobre Cristo y aun así mienten y encubren los abusos sexuales a niños cometidos por sus propios sacerdotes? —Teabing se detuvo un instante—. ¿Qué pasa con esa gente, Robert, si las persuasivas pruebas científicas demuestran que la versión de la historia de Jesús que propone la Iglesia no es exacta, y que la mayor historia jamás contada es en realidad la mayor historia jamás inventada?

    Langdon no le respondió.

    —Pues ya te diré yo qué es lo que pasa si esos documentos salen a la luz —dijo Teabing—. Que el Vaticano se enfrentaría a la peor crisis de fe de sus dos milenios de historia.

    —Pero si es la Iglesia la que está detrás de todo esto —preguntó Sophie tras un largo silencio—, ¿por qué actúa precisamente ahora? ¿Después de tantos años? El Priorato tiene ocultos los documentos. No suponen un peligro inminente para ella.

    Teabing suspiró ruidosamente y miró a Langdon.

    —Robert, supongo que estás al corriente de la misión final del Priorato.

    Langdon se quedó sin aire al pensar en ella.

    —Sí.

    —Señorita Neveu —dijo Teabing—, la Iglesia y el Priorato se han sometido durante años a un acuerdo tácito, consistente en que la Iglesia no atacaba a la hermandad y ésta no sacaba a la luz los documentos del Santo Grial. —Hizo una pausa—. Sin embargo, parte de la historia del Priorato ha incluido siempre el plan para revelar el secreto. Al llegar a una fecha concreta, la hermandad planea romper su silencio y culminar su triunfo mostrando al mundo los documentos del Sangreal y gritando a los cuatro vientos la verdadera historia de Jesucristo.

    Sophie se quedó mirando a sir Leigh sin decir nada y se sentó.

    —¿Y cree que esa fecha está cerca? ¿Y que la Iglesia lo sabe?

    —Una especulación como cualquier otra —respondió Teabing—, pero sin duda le proporcionaría a la Iglesia motivación para lanzar un ataque en toda regla que le permitiera encontrar los documentos antes de que fuera demasiado tarde.

    Langdon tenía la incómoda sensación de que lo que decía Teabing no era en absoluto descabellado.

    —¿Crees que la Iglesia es capaz de encontrar pruebas fiables de la fecha que maneja el Priorato?

    —¿Por qué no? Si aceptamos que ha sido capaz de descubrir las identidades de los cuatro miembros de la cúpula del Priorato, no hay duda de que podrían haberse enterado también de sus planes. E incluso si desconocen la fecha exacta, sus supersticiones pueden haber jugado a su favor.

    —¿Supersticiones? —preguntó Sophie.

    —En términos de profecías, en la actualidad estamos en una época de enormes cambios. Acabamos de terminar un milenio, y con él ha concluido la era astrológica de Piscis, que ha durado dos mil años y que representa el pez, que también es el símbolo de Jesús. Como le dirá cualquier especialista en simbología, el ideal de Piscis defiende que son los poderes superiores los que deben dictar al hombre lo que debe hacer, pues él es incapaz de pensar por sí mismo. Por tanto, este ha sido un tiempo de religiosidad ferviente. Ahora, sin embargo, estamos entrando en la Era de Acuario, el receptáculo del agua, cuyo ideal defiende que los hombres aprenderán la verdad y serán capaces de pensar por sí mismos. El cambio ideológico es enorme, y está teniendo lugar en este mismo momento.

    Langdon sintió un escalofrío. Las profecías astrológicas nunca le habían interesado demasiado ni se había fiado de su credibilidad, pero sabía que había gente en la Iglesia que las seguía a pies juntillas.

    —La Iglesia llama a este periodo de transición «el Fin de los Días».

    Sophie le miró con expresión de incredulidad.

    —¿El fin del mundo? ¿El Apocalipsis?

    —No —replicó Langdon—. Ese es un error de concepto muy extendido. Son muchas las religiones que hablan del Fin de los Días. Y no se refieren al fin del mundo, sino más bien al final de la presente era, la de Piscis, que empezó en la época del nacimiento de Cristo, se desarrolló en el transcurso de dos mil años y ha terminado con el fin del milenio que hemos dejado atrás. Y ahora que hemos entrado en la Era de Acuario, el Fin de los Días ha llegado.

    —Muchos historiadores especializados en el Grial —añadió Teabing—, creen que si es cierto que el Priorato planea revelar su verdad, este punto de la historia sería una época especialmente adecuada para hacerlo. La mayor parte de los estudiosos del Priorato, entre los que me incluyo, previeron que la divulgación del secreto coincidiría exactamente con el cambio de milenio. Pero está claro que no fue así. Se sabe que el calendario romano no coincide exactamente con los indicadores astrológicos, por lo que en la predicción hay cierto margen de error. No sé si la Iglesia posee información secreta sobre una inminente fecha exacta o si es que sencillamente se está poniendo nerviosa en previsión de que se cumpla la profecía astrológica. Sea como sea, eso no es lo importante. Ambos casos explicarían la posible motivación de la Iglesia para lanzar un ataque preventivo contra el Priorato. —Teabing frunció el ceño—. Y, no lo dude, si encuentran el Santo Grial, lo destruirán. Y con los documentos y las reliquias de la bendita María Magdalena harán lo mismo. —Se le entristeció la mirada—. Y entonces, una vez los documentos del Sangreal hayan desaparecido, se perderán todas las pruebas. La Iglesia habrá ganado la guerra que inició hace tantos siglos para reescribir la historia. El pasado quedará borrado para siempre.

    Despacio, Sophie se sacó la llave cruciforme del bolsillo del suéter y se la entregó a Teabing, que la cogió y la observó con detenimiento.

    —Dios mío. El sello del Priorato. ¿De dónde ha sacado esto?

    —Mi abuelo me lo ha dado esta noche, antes de morir.

    Teabing pasó los dedos por la superficie.

    —¿La llave de una iglesia?

    Sophie aspiró hondo.

    —Esta llave proporciona acceso a la clave.

    Teabing echó hacia atrás la cabeza en un gesto de incredulidad.

    —¡Imposible! ¿Qué iglesia se me ha escapado? ¡Pero si las he revisado todas!

    —No está en una iglesia —dijo Sophie—. Está en un banco suizo.

    La mirada de emoción de Teabing se desvaneció.

    —¿La clave está en un banco?

    —En una cámara acorazada —especificó Langdon.

    —¿En una cámara acorazada? —Negó con la cabeza—. Eso es imposible. Se supone que la clave está escondida bajo el signo de la rosa.

    —Y lo está. Estaba metida dentro de una caja de palisandro, que también se conoce como palo de rosa, con una rosa de cinco pétalos taraceada en la tapa.

    Teabing estaba anonadado.

    —¿Habéis visto la clave?

    Sophie asintió.

    —Hemos estado en el banco.

    Teabing se les acercó con los ojos llenos de temor.

    —Amigos, debemos hacer algo. ¡La clave está en peligro! Tenemos el deber de protegerla. ¿Y si hubiera otras llaves? ¿Tal vez robadas a los sénéchaux asesinados? Si la Iglesia tuviera acceso al banco, igual que lo habéis tenido vosotros...

    —Llegarían demasiado tarde —dijo Sophie—. Porque nos la hemos llevado nosotros.

    —¿Qué? ¿Habéis sacado la clave de su escondite?

    —No te preocupes —intervino Langdon—. Está muy bien escondida.

    —Espero que así sea.

    —La verdad —dijo Langdon sin poder disimular una sonrisa— es que eso dependerá de con qué frecuencia limpies debajo del sofá.