20 julio 2006

Historia del Siglo XX (Eric Hobsbawm)

En las postrimerías (¹) de esta centuria ha sido posible, por primera vez, vislumbrar cómo puede ser un mundo en el que el pasado ha perdido su función, incluido el pasado del presente, en el que los viejos mapas que guiaban a los seres humanos, individual y colectivamente, por el trayecto de la vida ya no reproducen el paisaje en el que nos desplazamos y el océano por el que navegamos. Un mundo en el que no sólo no sabemos adónde nos dirigimos, sino tampoco adónde deberíamos dirigirnos.
Esta es la situación a la que debe adaptarse una parte de la humanidad en este fin de siglo y en el nuevo milenio. Sin embargo, es posible que para entonces se aprecie con mayor claridad hacia dónde se dirige la humanidad. Podemos volver la mirada atrás para contemplar el camino que nos ha conducido hasta aquí (...). Ignoramos cuáles serán los elemenos que darán forma al futuro, aunque no he resistido la tentación de reflexionar sobre alguno de los problemas que deja pendientes el período que acaba de concluir. Confiemos en que el futuro nos depare un mundo mejor, más justo y más viable. El viejo siglo no ha terminado bien.

Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX, 1994

(¹) Postrimerías = Finales

Imágen: Los Constructores (1950), de Fernand Léger.

16 julio 2006

Para qué están los amigos (La Nación Revista)


Para qué están los amigos

Aristóteles la definió como "un corazón que habitan dos almas". Hoy, los científicos afirman que la amistad duradera agrega años de vida. La importancia de este vínculo esencial en un mundo individualista

"Vivo a una cuadra, así que me levanto y me vengo para acá… Aunque llueva o me duela la cintura. Este es mi segundo hogar…"

Ofelia, una mujer en quien la belleza no ha dejado de irradiar su luz y que hoy –justamente hoy– cumple 94 años, habla orgullosa de su amistad con Rosa (la Nona), que tiene casi su misma edad (cumple los 94 el 25 de septiembre) y que posiblemente sea el factor que mejor explique cómo Ofelia, luego de perder a sus dos hijas en trágicas circunstancias, pudo sobrevivir, criar a sus dos nietos y hasta animarse a ir al programa de Roberto Galán buscando un nuevo marido.

La amistad que Ofelia y Rosa comparten desde hace 40 años (ver recuadro Amigas de fierro) es un buen ejemplo de las conclusiones a las que llegaron Lynne Giles y un equipo de investigadores de la Universidad Flinders, en Adelaida, Australia, al analizar los hábitos de casi 1500 personas mayores de 70 años durante una década. A la hora de los balances, descubrieron que aquellos que tenían más vida social y contaban con uno o varios amigos "confidentes" mostraban mayor sobrevida al final del estudio. La sorpresa fue que el contacto con la familia (parejas, hijos, nietos, sobrinos, etc.) no estaba necesariamente asociada con una vida más larga.

"Tener buenos amigos, especialmente en la vejez –dijo la investigadora Lynne Giles a la Revista–, permite mejores hábitos de vida, menos depresión y una sensación elevada de autoestima. Las personas sienten que pueden intervenir en la vida de los otros, dando consejos y apoyo, y esto les hace bien; se perciben útiles, eficaces."

Además de estas ventajas, los científicos de la Universidad de Flinders hallaron que las personas mayores con amigos atendían mejor su salud mediante seguros y planes sociales, posiblemente porque intercambiaban más información.

Ray Pahl, sociólogo del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad de Essex, Inglaterra, y autor de un libro de reciente publicación titulado Rethinking Friendship (Repensando la amistad), no se sorprende con estos resultados: "Nos hemos tomado bastante tiempo para reconocer que en las redes sociales se juegan aspectos tan importantes para la salud como otros hábitos cuyo valor no se cuestiona, como el hecho de no fumar".

Placer, utilidad, virtud

Aristóteles, en su Etica a Nicómaco, clasifica la amistad en tres tipos: aquella que está basada en el placer (generalmente las relaciones juveniles, intensas pero efímeras), la que se apoya en la utilidad (a menudo asociadas a transacciones comerciales y al mundo del trabajo, como diríamos hoy día) y, finalmente, la que está fundamentada en la virtud, que para muchos es la auténtica amistad, o "amistad perfecta", como la llamó el propio Aristóteles.

Este tipo de vínculo se construye sobre la base de la bondad, y ocurre cuando alguien quiere a otro por lo que es, no por una cualidad o característica eventual, y sobre todo cuando desea para esa persona el bien por el bien mismo.

Para los que creen que el tiempo pasado siempre fue mejor, vaya la advertencia de que ya en época de Aristóteles el tercer tipo de amistad era un bien escaso y ocurría raramente, porque demandaba tiempo e intimidad para surgir y florecer, aclaraba el filósofo griego. Por eso, cuando existe, justifica que sea festejada.

El lazo social

Las relaciones y redes entre las personas parecen cada vez más amplias y complejas. Pero el sociólogo inglés Ray Pahl plantea que sigue siendo la solidaridad –algo así como una suerte de "pegamento" interpersonal– el "fueguito" que mantiene vivas a las sociedades. Quizá son formas de solidaridad distintas de las que Emile Durkheim distinguió en su obra fundadora de la sociología moderna, a fines del siglo XIX, porque en la actualidad este sentimiento es más borroso. Pero está.

"Son solidaridades escondidas, o hidden solidarities –dice el profesor Pahl–. Vivimos en comunidades cada vez más competitivas, en las que todos somos potencialmente rivales. Sin embargo, el consumismo al que somos estimulados no pudo destruir por completo estos sentimientos. Seguimos viviendo en «comunidades personales» de distinto tipo y tamaño, que pueden incluir a personas geográficamente lejanas, aunque no es lo habitual. En esas comunidades algunos integrantes de la familia (hermanos, primos) pueden funcionar como amigos, y en esas redes suelen ingresar también vecinos y compañeros de trabajo o de estudio. Pero no compartimos la idea de que los contactos a través de la Web puedan definirse como amistad. Probemos pidiéndoles que busquen a nuestros chicos en la escuela y veamos qué resulta… Chatear es sólo una pequeña parte de lo que representa la amistad."

Mark Vernon, otro inglés a mitad de camino entre la sociología y la divulgación científica, sugiere que las formas actuales de ser amigos –estilos más flojos y abiertos– enfatizan la idea de "comunidades de elección", en lugar de "comunidades de destino", y, en este sentido, la amistad puede construirse desafiando la cercanía geográfica.

La socióloga argentina Ana Wortman, titular de la cátedra Individuo y Sociedad de Consumo, de la Carrera de Sociología de la UBA, dice que los argentinos somos bastante reconocidos en buena parte del mundo como solidarios y amigables, y que en un trabajo de investigación sobre el uso del tiempo libre las reuniones con amigos figuraban en el primer lugar, aun antes del contacto con la familia.

La socióloga añade que después de la globalización de los ’90 y la crisis de 2001, la publicidad –que es un buen mirador desde donde observar los cambios sociales– empezó a reflejar otra vez un valor que aquella década había erosionado: la solidaridad, la amistad, los afectos.

"Los avisos empezaron a mostrar qué nos unía, qué hacía que siguiéramos siendo sociedad, y si bien era una estrategia de mercado, tomó sentimientos que estaban en la gente: ante la crisis, lo auténtico era refugiarnos en los afectos, acercanos a la familia, a los amigos –analiza Wortman–. Fue una apelación a lo comunitario, a los lazos primarios."

Por Gabriela Navarra

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